sábado, 27 de junio de 2015

Sendero del río Chillar (Nerja)

Conocimos esta ruta por casualidad. Nuestras hijas nos habían regalado por mi santo un fin de semana en Nerja. Y planificamos un viaje típico: las cuevas, Frigiliana, terrazas... Y como nos quedaba libre la mañana del domingo, nos dio por poner en google "senderismo en Nerja" y apareció una de las rutas más bonitas que hemos hecho hasta ahora: "los cahorros del río Chillar".
Es un recorrido de dificultad baja en el que vas viendo, durante todo el trayecto, a mucha gente. Personas de todas las edades, desde señoras de ochenta años hasta niños que disfrutan como niños con sus pies metidos todo el tiempo en el agua.
Estábamos hospedados en un precioso apartamento de Nerja (Resort), que sin planearlo, estaba a quinientos metros del aparcamiento donde comenzaba el camino. Para llegar hasta allí, tienes que poner en tu navegador: Nerja, Calle Mirto. El ayuntamiento ha acondicionado una pequeña parcela para que los domingueros pasemos un día difícil de olvidar. Desde allí hasta el río no tienes más que seguir un carril asfaltado de unos dos kilómetros. Si te levantas temprano o vas un día lavorable, puedes ahorrarte esta distancia, porque al final hay un pequeño aparcamiento donde caben muy pocos coches. Mientras bajas te sorprendes al ver una gran cantidad de zapatillas que cuelgan de los cables. Lo entenderás más tarde. Y es que parece que la humedad constante despega las suelas de las zapatillas y te puede fastidiar el final de la ruta. A lo mejor es buena idea llevar unas de repuesto.
Al principio, el río corre por una zona ancha y apenas se aprecia un leve reguero de agua. Pero según vamos caminando, el camino se va haciendo más estrecho y el agua se sitúa a nivel de los tobillos. En esta parte del camino, se puede avanzar muy rápidamente si tu mujer no hace una foto a cada flor, a cada insecto...
El primer gran punto a destacar es una cascada no demasiado importante. Desde aquí, apenas un cuarto de hora después, se llega a los cahorros. Durante varios tramos caminaremos casi encajonados entre altas paredes de roca por donde el agua lleva ya un nivel importante, casi nos ll
ega a la cintura.
Sin ninguna duda, este es uno de los encantos de la ruta. La separación entre muros, en ocasiones, es de unos dos mentros. La pendiente no es demasiado grande por lo que el camino no se hace en ningún momento difícil.
Una vez que hemos sobrepasado el primer tramo de cahorros, el camino empieza a ascender de forma progresiva y las rocas se hacen más presentes y el camino se incomoda. No demasiado, pero el riesgo a un resbalón se va haciendo cada vez más probable.
Pronto encontramos una poza natural que todo el mundo aprovecha para darse un primer chapuzón. Parece ser que luego hay otras, pero para nosotros, esta fue el final del camino. Habíamos comenzado la ruta muy tarde y habíamos caminado muy despacio, disfrutando de todo lo bonito que la naturaleza, en este lugar, nos ofrece. Eran ya las tres de la tarde y teníamos que volver a Chiclana. Así que paramos a almorzar y comenzamos el camino de vuelta, pero con el propósito de volver para hacerlo completo con la cámara de vídeo en ristre.
La vuelta es un poco más complicada que la ida. No sólo porque ya vas más rápido, sino porque siempre es más complicado bajar que subir. Fue en ese momento cuando vimos vajar a cuatro señoras de mucha edad que habían llegado hasta el final y que nos sacaron un poco los colores. Venían las pobres agotadas, y tuvimos qu
e ayudarlas duralte algún tramo que ya se les hacía muy difícil. Pero fue toda una lección de actitud.

Cascadas del Huéznar.


Llegamos a Cazalla de la Sierra y aparcamos el coche junto a un parque infantil que hay a la entrada del pueblo. Cogimos nuestros bártulos y empezamos a buscar el comienzo de la ruta. Menos mal que vimos a dos ancianos muy amables a los que preguntamos, que si no... Había que cruzar el pueblo entero y seguir unos ocho kilómetros en coche, hasta llegar a la antigua estación de Ferrocarril. Aparcamos justo antes de entrar en el puente de los 3 ojos que cruza el río en ese lugar. Lo atravesamos y seguimos por la carretera de Constantina casi un kilómetro hasta llegar a unas señales que nos avisan del comienzo de nuestra ruta. Al principio es una senda ancha que coincide con la cañada Real Ribera del Huéznar y que discurre junto al río Huéznar hasta llegar un área recreativa justo después de un pequeño aparcamiento que es el kilómetro cero de la ruta. La vegetación de ribera se desarrolla con mucha potencia a nuestra izquierda, donde aparecen fresnos, álamos, chopos, sauces y alisos en un perfecto orden natural. En la parte derecha se abre una dehesa de encinas y alcornoques con pastizal para el ganado. La senda empieza a alejarse algo del río y nos vamos cruzando con ciclistas que nos van a ir acompañando a lo largo de todo el camino. Al llegar al kilómetro 4 nos encontramos un pequeño puente para descansar y hacernos una bonita foto. Justo en ese momento entramos, girando a la derecha, en la antigua vía férrea, ahora transformada en un carril asfaltado, que nos va a acompañar hasta el final del camino. Al término de cada tramo, cuando se va cruzando con la carretera, podemos ver las traviesas de madera que nos recuerda cuál fue su disposición original. Las vistas son preciosas, a derecha y a izquierda. Casi todo el trayecto vamos acompañados de una carretera que va a llegar hasta el monumento natural que vamos buscando. Cruzamos el típico puente ferroviario de hierro, una dehesa repleta de encinas y habitada por cerdos que buscan inquietos las bellotas que se esparcen por todas partes. A cada kilómetro, encontramos un banco en los que reponer fuerzas y descansar de la dureza del camino. Justo después de llegar al kilómetro diez, se nos aparece un precioso túnel de 114 metros de longitud, conocido como de “Los Molinos”. A la salida del túnel, continua la vía verde, pero nosotros seguimos a mano izquierda desde donde parte un carril, y de este, a unos veinte metros, una pequeña senda sin señalizar que recorre el margen izquierdo del río Huéznar. Tras unos metros llegamos al Monumento Natural Cascadas del Huéznar.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Fin de semana en Las Hurdes


Llegamos a Vegas de Coria a las tres de la tarde. El viaje desde Chiclana fue bastante tranquilo. Unas seis horas con parada a descansar en Mérida. 

Vegas de Coria es una alquería (pequeña comunidad rural) del concejo de Muñomoral. No es más que una travesía con casas a ambos lados en donde sólo sobresale el hotel Los Ángeles, donde nos hospedamos.
El hotel es bastante grande (para el pueblo en el que se encuentra) y muy bonito. Decorado de forma muy coqueta y respetando las costumbres y la estética hurdanas.
Cenamos pronto y nos acostamos muy temprano. Había muy poca cosa que hacer en el pueblo.
A la mañana siguiente fuimos a ver el meandro del Melero, un capricho de la naturaleza situado en Riomalo de Abajo. El sendero comienza justo antes de llegar al puente sobre el río Ladrillar. Más de la mitad del sendero está asfaltado, por lo que se puede ir en coche. En realidad, se puede subir en coche hasta el mismo mirador.
El meandro es muy bonito. Digno de ver. Un capricho de la naturaleza que ha labrado el río Alagón en un paisaje típico hurdano para el disfrute y el descanso del viajero.

 Desde allí seguimos camino hasta el pueblo salmantino de La Alberca. A mitad de camino paramos para hacer el sendero que lleva hasta las pinturas rupestres del Canchal de las cabras pintadas. Hay que pararse en el segundo aparcamiento (nosotros, como siempre, nos equivocamos y lo hicimos en el primero). Desde allí, y hasta el Monasterio del Santo Desierto de San José de las Batuecas, el sendero está tarimado y es muy fácil de hacer. A partir de ese momento el camino empieza a hacerse más complicado y ya en el último tramo es bastante difícil.
El estado de las pinturas es deplorable. Las rejas que las protegen llegaron tarde y se ven más las huellas de auténticos vándalos contemporáneos que las de los primeros pobladores de estas tierras.
A pesar de todo, el sendero es digno de hacer.
Después de almorzar (en un merendero situado en la primera parte del sendero) seguimos camino hasta el bonito pueblo de La Alberca. La carretera es de alta montaña, con muchas curvas. Y estrecha, muy estrecha hasta llegar al puerto del Portillo (1.252 metros). Después, la carretera empieza a descender y a hacerse más transitable hasta llegar al pueblo. 
La Alberca es un pueblo precioso. Muy bien conservado y estupendamente ornamentado por sus habitantes. Quizás haya demasiadas tiendas de recuerdos pero eso es el precio que hay que pagar por disfrutar de un enclave tan bonito. Está situado en una zona de incomparable belleza natural y paisajística, la Sierra de Francia. Caminar por sus calles es adentrarse en otra época, si no fuera por la cantidad de visitantes cámara en ristre con los que te vas cruzando por cada callejuela, por cada rincón, en el cauce del río que cruza el pueblo por su extremo oriental. 
  Seguimos por la misma carretera y a siete kilómetros nos encontramos con un pueblecito casi igual de bonito pero sin los inconvenientes del turismo: Mogarraz.  La villa de Mogarraz está declarada Bien de Interés Cultural con categoría de conjunto histórico en 1998, presentando una estructura urbanística de trama típicamente medieval, con calles estrechas y trazado regular.
Llama mucho la atención cómo en cada una de las fachadas cuelgan los rostros de 388 vecinos de los años sesenta desde la fachada de la casa que habitaron.
Se trata de una obra del afamado pintor salmantino natural de Mogarraz Florencio Maíllo, que ha querido colgar por las calles del pueblo un instante del otoño de 1967, cuando un fotógrafo de la villa retrató a todos los habitantes para que tuvieran la foto-carné necesaria para sacarse el DNI. 
 Dejamos para el tercer día los famosos chorros de la Meancera y el de Ovejuela. El primero se encuentra en el pequeño pueblo de El Gasco. Es una imponente cascada de cien metros de altura. El sendero comienza justo en la pequeña plaza del pueblo. Durante la primera parte la subida es muy fácil. Luego se complica un poco, aunque no demasiado. Hay que cruzar el río un par de veces, siempre por sitios accesibles y bien señalizados. Nosotros, como es costumbre, nos equivocamos y llegamos a un tramo donde no se podía seguir. Tuvimos que volver y entonces vimos las señales. Y nos dimos cuenta que era cierto lo que decía la ficha técnica de la ruta. No es nada difícil, aunque un senderos ta Navarro que venía detrás nuestra se cayó y se hizo una brecha en la frente. El pobre no pudo llegar al final.
A la una de la tarde pusimos rumbo a Pinofranqueado, el pueblo donde se encuentra el centro de interpretación de Las Hurdes. Pero no sé si es porque era domingo o porque llegamos a las dos de la tarde, estaba cerrado. Así que seguimos hasta Ovejuela para ver su chorro. Almorzamos en un merendero que hay nada más coger el desvío hacia la derecha. Llegamos al pueblo a eso de las tres y comenzamos el camino. 
Como en el caso anterior, seguimos el itinerario que nos detallaba la página de wikirutas.es, y como en el caso anterior nos equivocamos. Este está algo peor señalizado que el anterior, sobre todo cuando hay que cruzar por primera vez el río sobre las piedras. La última parte también es algo más complicada pero el chorro es precioso. Merece la pena ir.
Tardamos una hora en llegar y otra en volver, contando el tiempo que gastamos admirando la caída del agua.