Conocimos esta ruta por casualidad. Nuestras hijas nos habían regalado por mi santo un fin de semana en Nerja. Y planificamos un viaje típico: las cuevas, Frigiliana, terrazas... Y como nos quedaba libre la mañana del domingo, nos dio por poner en google "senderismo en Nerja" y apareció una de las rutas más bonitas que hemos hecho hasta ahora: "los cahorros del río Chillar".
Es un recorrido de dificultad baja en el que vas viendo, durante todo el trayecto, a mucha gente. Personas de todas las edades, desde señoras de ochenta años hasta niños que disfrutan como niños con sus pies metidos todo el tiempo en el agua.

Estábamos hospedados en un precioso apartamento de Nerja (Resort), que sin planearlo, estaba a quinientos metros del aparcamiento donde comenzaba el camino. Para llegar hasta allí, tienes que poner en tu navegador: Nerja, Calle Mirto. El ayuntamiento ha acondicionado una pequeña parcela para que los domingueros pasemos un día difícil de olvidar. Desde allí hasta el río no tienes más que seguir un carril asfaltado de unos dos kilómetros. Si te levantas temprano o vas un día lavorable, puedes ahorrarte esta distancia, porque al final hay un pequeño aparcamiento donde caben muy pocos coches. Mientras bajas te sorprendes al ver una gran cantidad de zapatillas que cuelgan de los cables. Lo entenderás más tarde. Y es que parece que la humedad constante despega las suelas de las zapatillas y te puede fastidiar el final de la ruta. A lo mejor es buena idea llevar unas de repuesto.

Al principio, el río corre por una zona ancha y apenas se aprecia un leve reguero de agua. Pero según vamos caminando, el camino se va haciendo más estrecho y el agua se sitúa a nivel de los tobillos. En esta parte del camino, se puede avanzar muy rápidamente si tu mujer no hace una foto a cada flor, a cada insecto...
El primer gran punto a destacar es una cascada no demasiado importante. Desde aquí, apenas un cuarto de hora después, se llega a los cahorros. Durante varios tramos caminaremos casi encajonados entre altas paredes de roca por donde el agua lleva ya un nivel importante, casi nos ll
ega a la cintura.
Sin ninguna duda, este es uno de los encantos de la ruta. La separación entre muros, en ocasiones, es de unos dos mentros. La pendiente no es demasiado grande por lo que el camino no se hace en ningún momento difícil.

Una vez que hemos sobrepasado el primer tramo de cahorros, el camino empieza a ascender de forma progresiva y las rocas se hacen más presentes y el camino se incomoda. No demasiado, pero el riesgo a un resbalón se va haciendo cada vez más probable.
Pronto encontramos una poza natural que todo el mundo aprovecha para darse un primer chapuzón. Parece ser que luego hay otras, pero para nosotros, esta fue el final del camino. Habíamos comenzado la ruta muy tarde y habíamos caminado muy despacio, disfrutando de todo lo bonito que la naturaleza, en este lugar, nos ofrece. Eran ya las tres de la tarde y teníamos que volver a Chiclana. Así que paramos a almorzar y comenzamos el camino de vuelta, pero con el propósito de volver para hacerlo completo con la cámara de vídeo en ristre.


La vuelta es un poco más complicada que la ida. No sólo porque ya vas más rápido, sino porque siempre es más complicado bajar que subir. Fue en ese momento cuando vimos vajar a cuatro señoras de mucha edad que habían llegado hasta el final y que nos sacaron un poco los colores. Venían las pobres agotadas, y tuvimos qu
e ayudarlas duralte algún tramo que ya se les hacía muy difícil. Pero fue toda una lección de actitud.